Un acercamiento a la Literatura

domingo

Chéjov, para escritores



· Uno no termina con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.

· Cuando escribo no tengo la impresión de que mis historias sean tristes. En cualquier caso, cuando trabajo estoy siempre de buen humor. Cuanto más alegre es mi vida, más sombríos son los relatos que escribo.

· Dios mío, no permitas que juzgue o hable de lo que no conozco y no comprendo.

· No pulir, no limar demasiado. Hay que ser desmañado y audaz. La brevedad es hermana del talento.

· Lo he visto todo. No obstante, ahora no se trata de lo que he visto sino de cómo lo he visto.

· Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad: nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.

· Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento.

· Es más fácil escribir de Sócrates que de una señorita o de una cocinera.

· Guarde el relato en un baúl un año entero y, después de ese tiempo, vuelva a leerlo. Entonces lo verá todo más claro. Escriba una novela. Escríbala durante un año entero. Después acórtela medio año y después publíquela. Un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel; que el trabajo sea minucioso, elaborado.

· Te aconsejo: 1) ninguna monserga de carácter político, social, económico; 2) objetividad absoluta; 3) veracidad en la pintura de los personajes y de las cosas; 4) máxima concisión; 5) audacia y originalidad: rechaza todo lo convencional; 6) espontaneidad.

· Es difícil unir las ganas de vivir con las de escribir. No dejes correr tu pluma cuando tu cabeza está cansada.

· Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular: no tolera la mentira. Se puede mentir en el amor, en la política, en la medicina, se puede engañar a la gente e incluso a Dios, pero en el arte no se puede mentir.

· Nada es más fácil que describir autoridades antipáticas. Al lector le gusta, pero sólo al más insoportable, al más mediocre de los lectores. Dios te guarde de los lugares comunes. Lo mejor de todo es no describir el estado de ánimo de los personajes. Hay que tratar de que se desprenda de sus propias acciones. No publiques hasta estar seguro de que tus personajes están vivos y de que no pecas contra la realidad.

· Escribir para los críticos tiene tanto sentido como darle a oler flores a una persona resfriada.

· No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Sólo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo.

· No es la escritura en sí misma lo que me da náusea, sino el entorno literario, del que no es posible escapar y que te acompaña a todas partes, como a la tierra su atmósfera. No creo en nuestra intelligentsia, que es hipócrita, falsa, histérica, maleducada, ociosa; no le creo ni siquiera cuando sufre y se lamenta, ya que sus perseguidores proceden de sus propias entrañas. Creo en los individuos, en unas pocas personas esparcidas por todos los rincones -sean intelectuales o campesinos-; en ellos está la fuerza, aunque sean pocos.


Consejos extraídos de Sin trama y sin final: 99 consejos para escritores, Piero Brunello

lunes

Alberto Laiseca nos cuenta....


El brujo postergado

Don Juan Manuel*


En Santiago había un deán que tenía codicia de aprender el arte de la magia. Oyó decir que don Illán de Toledo la sabía más que ninguno, y fue a Toledo a buscarlo.

El día que llegó enderezó a la casa de don Illán y lo encontró leyendo en una habitación apartada. Este lo recibió con bondad y le dijo que postergara el motivo de su visita hasta después de comer. Le señaló un alojamiento muy fresco y le dijo que lo alegraba mucho su venida. Después de comer, el deán le refirió la razón de aquella visita y le rogó que le enseñara la ciencia mágica. Don Illán le dijo que adivinaba que era deán, hombre de buena posición y buen porvenir, y que temía ser olvidado luego por él. El deán le prometió y aseguró que nunca olvidaría aquella merced, y que estaría siempre a sus órdenes. Ya arregaldo el asunto, explicó don Illán que las artes mágicas no se podían aprender sino en sitio apartado, y tomándolo por la mano, lo llevó a una pieza contigua, en cuyo piso había una gran argolla de fierro. Antes le dijo a la sirvienta que tuviese perdices para la cena, pero que no las pusiera a asar hasta que la mandaran. Levantaron la argolla entre los dos y descendieron por una escalera de piedra bien labrada, hasta que el deán le pareció que habían bajado tanto que el lecho del Tajo estaba sobre ellos. Al pie de la escalera había una celda y luego una biblioteca, y luego una especie de gabinete con instrumentos mágicos. Revisaron los libros y en eso estaban cuando entraron dos hombres con una carta para el deán, escrita por el obispo, su tío, en la que le hacía saber que estaba muy enfermo y que, si quería encontrarlo vivo, no demorase. Al deán lo contrariaron mucho estas nuevas, lo uno por la dolencia de su tío, lo otro por tener que interrumpir los estudios. Optó por escribir una disculpa y la mandó al obispo. A los tres días llegaron unos hombres de luto con otras cartas para el deán, en las que se leía que el obispo había fallecido, que estaban eligiendo sucesor, y que esperaban por la gracia de Dios que lo elegirían a él. Decían también que no se molestara en venir, puesto que parecía mucho mejor que lo eligieran en su ausencia.

A los diez días vinieron dos escuderos muy bien vestidos, que se arrojaron a sus pies y besaron sus manos, y lo saludaron obispo. Cuando don Illán vio estas cosas, se dirigió con mucha alegría al nuevo prelado y le dijo que agradecía al Señor que tan buenas nuevas llegaran a su casa. Luego le pidió el decanazgo vacante para uno de sus hijos. El obispo le hizo saber que había reservado el decanazgo para su propio hermano, pero había determinado favorecerlo y que partiesen juntos para Santiago.

Fueron para Santiago los tres, donde los recibieron con honores. A los seis meses recibió el obispo mandaderos del Papa que le ofrecía el arzobispado de Tolosa, dejando en sus manos el nombramiento de sucesor. Cuando don Illán supo esto, le recordó la antigua promesa y le pidió ese título para su hijo. El arzobispo le hizo saber que había reservado el obispado para su propio tío, hermano de su padre, pero que había determinado favorecerlo y que partiesen juntos para Tolosa. Don Illán no tuvo más remedio que asentir.

Fueron para Tolosa los tres, donde los recibieron con honores y misas. A los dos años, recibió el arzobispo mandaderos del papa que le ofrecía el capelo de Cardenal, dejando en sus manos el nombramiento de sucesor. Cuando don Illán supo esto, le recordó la antigua promesa y le pidió ese título para su hijo. El Cardenal le hizo saber que había reservado el arzobispado para su propio tío, hermano de su madre, pero que había determinado favorecerlo y que partiesen juntos para Roma. Don Illán no tuvo más remedio que asentir. Fueron para Roma los tres, donde los recibieron con honores y misas y procesiones. A los cuatro años murió el Papa y nuestro Cardenal fue elegido para el papado por todos los demás. Cuando don Illán supo esto, besó los pies de Su Santidad, le recordó la antigua promesa y le pidió el cardenalato para su hijo. El Papa lo amenazó con la cárcel, diciéndole que bien sabía él que no era más que un brujo y que en Toledo había sido profesor de artes mágicas. El miserable don Illán dijo que iba a volver a España y le pidió algo para comer durante el camino. El Papa no accedió. Entonces don Illán (cuyo rostro se había remozado de un modo extraño), dijo con una voz sin temblor:

- Pues tendré que comerme las perdices que para esta noche encargué.

La sirvienta se presentó y don Illán le dijo que las asara. A estas palabras, el Papa se halló en la celda subterránea en Toledo, solamente deán de Santiago, y tan avergonzado de su ingratitud que no atinaba a disculparse. Don Illán dijo que bastaba con esa prueba, le negó su parte de las perdices y lo acompañó hasta la calle, donde le deseó feliz viaje y lo despidió con gran cortesía.

*Versión al español moderno de Jorge Luis Borges de "De lo que contesció a un deán de Santiago con don Illán", incluido en el Libro de Patronio, del infante don Juan Manuel, clásico medieval castellano conocido como "El conde Lucanor".

jueves

El hombre en la ventana del café



Vino de mis amigos de Café 70 a quienes quiero tanto.

El hombre en la ventana del café
consume un cigarrillo solitario
consume un pocillo y un silencio
consume un pequeñísimo calvario.

Yo estoy en otra mesa del café
también me pasa el tiempo en un pocillo
también me pasa el mundo desde lejos
también estoy andando un cigarrillo.

La charla de otras mesas es un murmullo
un diálogo tan tibio y tan amigo
que duele estar así mirando nada
con sólo un cenicero por testigo.

Entonces,
entonces se me ocurre dar un golpe
quebrando de repente con las reglas
alzar mi soledad entre mis manos
y llegar hasta el silencio de su mesa
soltarle el imprevisto de mi hola
pedirle simplemente que charlemos
decirle que presiento su tristeza
brindarme a compartir lo que tenemos.

Diez mil generaciones de mujeres
me atajan el terrible pensamiento
me acusan de atrevida, de poco seria.
Me clavan a lo inmóvil de mi asiento.

Qué estúpida la historia de mi sexo.
que inútil la sanata de pudores
qué absurdo este disfraz de indiferencia
que sólo nos disfraza los temores.

De pronto,
de pronto tengo el aire de mi abuela
diciéndome las cosas que mamé...
Las damas no conversan con extraños...
Abuela... ¿Me querés decir por qué?

martes

Diez minutos


No había mucha gente en la calle, el calor inmovilizaba la hora de la siesta. Pero yo había tenido que salir me faltaban dos cuadras irregulares y diez minutos para llegar a la biblioteca y devolver el libro antes de que cerrara. Apuré el paso pensando en el horario inexorable de las instituciones públicas. Qué fastidio, me ensimismé en mi propio hastío, ajeno a la ciudad, a todo... acaso como fuera la forma de cada unos de mis días.
El impacto casi tenue de una señora que se cruzó en el camino me devolvió al verano del asfalto.

-Disculpe... es que el calor me aturde y no lo vi- dijo con una vocecita abochornada
-No es nada, ¿Está bien?
-Sí....me demoré en el banco y este sol....no lo vi señor.

Caminó las dos cuadras a mi lado siguiéndome el paso, en esos pocos minutos supe que era maestra retirada, que vivía sola y no se acostumbraba, su única hija tenía un trabajo en España, pero a mi edad viajar....se resignó.... Yo sólo asentía con la cabeza y la escuchaba. Los ojos grises desteñían tristeza y acercó al momento el recuerdo de mi abuela....el mismo gesto bueno y arrugas ramificadas desde adentro contaban acerca de su vida. Miré el reloj, hubiera querido que continuara hablando y contarle alguna cosa mía, pero era tarde.

-Bueno, entro o no llego a tiempo para devolver el libro... .
-Vaya señor y gracias por la charla, es un buen hombre... no cualquiera habla con extraños. Ahora me siento mejor- suspiró con toda su vejez a cuestas .

Incliné la cabeza en una sonrisa a modo de despedida. Sus pasos doloridos se fueron haciendo lentos hasta la quietud.
Me sumergí en el silencio de la biblioteca, una empleada de lentes incrustados en la cara me atendió de mala gana y me ladró un buenas tardes. El trámite había sido una sencilla entrada al purgatorio.
Volvía aflojando la corbata y desandando el camino hasta la oficina. Una escena me detuvo: a unos metros, otra vez la maestra tropezaba, ahora con una chica joven y cruzaban palabras entre sonrisas. Se encaminaron juntas y hasta pasaron a mi lado, pero ella no me reconoció o no me vio o fingió ambas cosas. Alcancé a escuchar aquellos fragmentos de soledad, quizás dichos innumerables veces variando alguna palabra.

_ Es que me demoré en el banco y este sol.... no la vi señorita.... mi hija tiene un trabajo en España.... la extraño....

Ahora, pienso en la señora y en su escena repetida de toparse con alguien para tan sólo hablar....aunque sea por diez minutos....
En el tumulto de la oficina sola, donde gente extraña va y viene o transfiere datos sin notarse y los ojos se quedan en los monitores sin mirar, ni ver a nadie... siento que me están faltando diez minutos para que alguien también me escuche....pero es imposible... un velo de apretada trama nos separa....

lunes

Jorge Luis Borges




¿Qué puedo agregar yo, Maestro?... si es el creador de todas las ficciones.

Sólo un secreto... cuando usted paseaba por el parque Lezama, lo admiraba desde lejos. Nunca me animé a acercarme, sólo una vez le dije a una turista que se sentó a mi lado... "ahí está Borges".
La señora muy bien puesta se asombró: "¿Y por qué lloras?"

sábado

De mujeres morenas


Llueve apenas, como un desgranarse el cielo, sobre las calles barrosas de la ciudad. Nadie atraviesa la plaza Victoria, nadie asoma siquiera a una ventana. La mayoría duerme en el amparo de la siesta. Nadie. Sólo va Jacinta sobre la silla de manos que los negros mojados llevan en andas para visitar a doña Luisa Suárez de Cajal. Es la primera vez que acude, la ha mandado a llamar, pues su hijo Pedro la nombra en sueños de amores que ella atenta vigila. Tiene que poner en su lugar a esa criolla, no permitirá que una oportunista entre en su familia, aunque sea la sobrina de un comerciante rico. En las tertulias de su casa se reúnen las figuras más ilustres, hasta el mismísimo virrey paseó por sus salones y no tuvo más que alabanzas para ella cuando tocara en el clave. Sus dos hijos son la seguridad para el futuro, contraerán matrimonios ventajosos que planea cada día de su vida. Tiene las ilusiones puestas en Pedro, posee la gallardía y el garbo de los hombres castellanos, pronta la risa y premura en la cortesía. Es que se ha educado en España, mientras que la pequeña Leonor....ha nacido en estas tierras yermas y desdibujadas... a ellas se parece, es enjuta y seca, apenas se conoce el tono de su voz y sólo entiende de sus pudores por el color encarnado de sus pómulos altos cuando la reprende. Tiene la herencia de su suegra a cuestas, una migaja de cabellas claros. Si su esposo estuviera aquí sería menos ardua la tarea de casarla, pondría precio a una dote y alguien se la llevaría de su vez, sería un buen trueque, además Leonor, tiene el lustre del apellido hidalgo, pero Juan está junto al rey y no volverá hasta la primavera.
Un lacayo le avisa que ha llegado la advenediza, es su amenaza, pero ella sabrá tenerla a distancia... lejos, muy lejos de su Pedro. La negra Juana, de blancas trenzas enrolladas como una corona alrededor de su cabeza está cerca de su ama y conoce sus pensamientos, la ha servido desde los dieciséis años, cuado llegara a Santa María de los Buenos Aires junto al hijo pequeño y su esposo, a quien el rey le otorgara tierras. Ha sabido mantener contenta a su ama, siempre lista una tizana para sus males o algún brebaje..... la señora cree en la magia de sus ancestros negros, en los rituales africanos y los sacrificios . Alguna vez llegó a ofrecer la sangre de algún animal a Orisha para que la suerte la acompañara. Por eso goza de un lugar de privilegio que ningún otro esclavo tiene, y lleva finas prendas con puntillas y sedas el ama le diera como pago.

_ Ahí está la niña Jacinta, viene con su chaperona.
_Que espere.... que aprenda a esperar como debe.
_Pero el señor Pedro....
_Cuando termine con ella, no querrá saber nada con Pedro. Ni el dinero de su tío, un don nadie, va a torcerme. Mi hijo merece a alguien de linaje y no a esa poca cosa. Leonor quizás acabe sus días en un convento, nadie se fija en ella.... por más que me empeñe. Terminemos de una vez, haz que entre ésa.

En un rincón Leonor escucha lastimándose los labios para gritar cuánto la odia, truncó su confianza apostrofándola de fea y torpe, sólo el hermano la llena de ternura, su garza le dice y es la única vez en que puede sentirse hermosa. Se esconde mutilando una sonrisa ante el recuerdo y espera la entrada de la criolla morena y piel de sutilezas perfectas.
Jacinta hace una leve reverencia y la falda amplia de raso oculta el temblor de sus piernas, su doncella aguarda de pie y ella también. Nadie las invita a sentarse.
Doña Luisa camina ceremonial por el salón, la luz vaga de los candelabros se pierde en el ropaje de la señora. No le quita los ojos, la observa como un halcón y mide la belleza infantil y los pocos años, sabe que ganará la partida, no es rival para ella.

_ No te haré perder tiempo, Jacinta, pedí que vinieras para que sepas que es inútil que alientes a Pedro o peor, que le creas, está prometido con una joven española desde niño. Tu honra se mancillará cuado se todos se enteren de esta picardía de mi hijo, es mejor para ti que lo sepas y viajes junto a tu tío.

La humillación le levanta una vertical de fuego por el cuerpo y no atina a llorar ni a moverse, sólo su boca se ha desatado como un moño pero no habla, está abierta dejando escapar la respiración apurada.

_Juana, acompáñala a la puerta, la señorita no se siente bien.

Pasarán los días avergonzados de fiebres y de llantos... Pedro...fueron falsos tus requiebros y promesas. Las horas quietas serán de luto para ese amor primero.

_¿Has visto a Jacinta madre? ¿No es la más hermosa acaso, la más inocente y buena?
_ No ha venido...¿Cómo puedo saberlo?
_Pero prometió que vendría a saludarla....
_Pues no lo hizo... te has hecho inútiles ilusiones , se dice en las tertulias que la ronda un mozo de su edad, un comerciante como su pariente.

El golpazo de la puerta es la única respuesta. En pocos días Pedro jurará de rodillas a Jacinta que nunca se ha prometido, que nunca hubo ni habrá otra. Contra los designios de doña de Luisa se casarán una noche secreta y desde ese día la lleva a vivir a su casa. Es el primogénito, el dueño de las tierras y su palabra no admite réplicas ni aun de su madre.

_Pronto nos iremos a la hacienda de Asunción, el virrey me ha prometido una plaza.
_No soporto esta vida Pedro...
_Pronto....pronto..... sólo espera un poco más.

Se demoran los días de hipocresías y odio. Doña Luisa no consentirá nunca a la que ignora en sus salones. La quiere muerta, habrá que dejar pasar un tiempo y en el dolor de Pedro le encontrará consuelo con Isabel de Montijo, la sobrina de virrey. Además está Juana ... y acudiría al mismo diablo si fuera necesario.

_Quiero que hagas algo para que muera, si no muere ella, mueres tú.
_Se perderá mi alma, ama...
_Tú y yo no tenemos alma. ¿Qué necesitas?
_ Algo de su ropa, un poco de su cabello y cera de los cirios que ponen alrededor los muertos.
_Consigue todo y que muera, te daré la libertad, si la matas, pero que Pedro no se aleje de mí.

La muñequita amarilla, juega en las manos de doña Luisa, lleva un mechón oscuro en a cabeza y una puntilla que adornara el traje de desposada .

_¿Cómo conseguiste todo? ¿Cómo le cortaste el cabello?
_No fue difícil mi ama. El cepillo tenía tantos que no fue necesario tomarlos de su cabeza.El pelo es lo más importante. Ahora sólo debe clavarle una aguja en el corazón, le garantizo con mi vida, su muerte. Shango mece su hacha para cortar el hilo de su aliento.

Sin que le tiemble la mano, asesta el estilete en pecho, con tal fuerza que lo traspasa y le lastima la mano que sangra... No entiende, su corazón pareciera estallar... abre los ojos inquiriendo con asombro... abre la boca, no es posible va a gritar... y cae a los pies de Juana, que huye despavorida, pensando en los horrores de la Inquisición... ¡La quemarán.... la quemarán por bruja...!
Detrás de un cortinado, Leonor, la hija olvidada, sonríe, casi por primera vez, acercándose al cuerpo. Las velas pincelan de oro su cabello insulso y los ojos miran fascinados el fulgor del pecho rojo, solo.

Ay madre... _ exclama con serenidad alucinada_ si supieras qué tan fácil es cambiar los cepillos donde se enredan los cabellos de dos mujeres morenas.

Fotografía:Exposición de Fernando Capurro Ruano
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jueves

Almas


_La última Tito...y es por tu bien, volvete, la Ramona debe estar plantada en la puerta esperándote junto al palo de la escoba.
_ El palo lo tiene envarado en la espalda, esa vieja.
_ Te da un lugar donde dormir y te aguanta la curda de cada día.
_ Para mí, tiene dos almas, gallego.
_Ya estás bien borracho ¿Eh? Una vieja con dos almas....qué disparate.
_Y claro, algunas noches usa una que es buena, entonces me da un café y otras, tiene puesta la mala, se la ves en la cara amarga nomás.

Paco se rió con ganas, las cosas que decía cuando el vino le sobraba. No era mal hombre Tito y en el pueblo lo querían. Tenía la réplica justa o la broma pronta para cada ocasión. Se ganaba unos pesos en barcito “La Giralda”, lavaba copas, limpiaba y descargaba la mercadería que llegaba con puntualidad prusiana martes y jueves. Antes de irse para su pieza en la casa de Ramona, gastaba la mayor parte de su paga en dos vasitos de vino y otros dos y otros dos...
Había aparecido un día sin fecha cierta por el pueblo, su cara sucia de nueve años harapientos conmovieron a las señoras de la parroquia que lo bañaron hasta rasparle la piel, le tuzaron las crenchas y lo dejaron al cuidado del curita, vivió entre cirios y hostias hasta que descubrió que el vino de la sangre de Cristo le venía mejor y se largó. Consiguió una piecita para dormir, un cuartucho lleno de trastos de la dueña , con el catre le alcanzaba y nunca faltaba un plato de comida que alguien le guardara.
Como el patrón enfilaba para la entrada para bajar la persiana, se puso de pie con su tranca a cuestas y salió a la noche desequilibrada. Los pasos desafinaban en la vereda solitaria, cada tanto una baldosa floja le enredaba un pie y le hacía pegar un salto en un enredo de alpargatas. Llegó a la casa y fue cayendo en el umbral. El pulóver rojo, puro agujero se mezclaba con la mugre compañera de la cara, pasó la mano por la barba crecida y levantó la cabeza buscando el aire, la luna se le metió en los ojos, era una tajada sandía recién cortada sobre la mesa negra de la noche.

_Tito ¿Estás bien?
_¿Qué hacés Martín? No te preocupes, es que hoy me toca el alma mala, no me acuerdo cómo se entra.

Martín sonrió al escucharlo, dejó el bastón blanco y se sentó a su lado, apoyando su espalda en la pared lenta.

_ Te vas a ensuciar polaco...mirá que ahí justito acaba de orinarse un gato.
_ Chamuyero...te espero un rato hasta que se te pase y después te ayudo.
_ Qué mierda ....yo veo doble y vos no ves nada...
_¿Y qué estás viendo ahora, negro?
_Que te sobran dientes, reíte nomás... me gusta verte contento ¿Qué hacés vos dando vueltas?-insistió
_Salgo a respirar noche, a escucharla
_Saliste con el alma buena...
_La mala la dejo en la ropero y a veces hace balurdo para que la suelte, pero la tengo bajo dos vueltas de llave, si sale, creo que me voy al barranco y salto.
_ Yo no puedo encerrarla en ningún lado, la llevo bajo el pellejo...

Martín se quedó callado, entendía a Tito, no era cuestión de almas sino de tristezas, pero el curda escapaba a esa palabra. Se conocían desde los toboganes y barquitos de papel en los charquitos de lluvia. Tito con palabras le hacía la mirada. Haber nacido ciego no le quitaba nada, porque nada conocía o sí... el cariño del amigo le había contado que las margaritas eran arañas de muchas patas con una panza ciega y que la calesita giraba como el mundo, donde todo daba vueltas sin moverse, donde nadie podía alcanzarse.

Vaya uno a saber por qué uno se aquerenció al vino.... el otro, a beber noche, anverso y reverso de la misma cosa... un sentirse ajeno a eso que se parecía a la existencia.

Cuando llegué al pueblo, todavía rumoreaban la historia. Cada uno adornaba con perspectivas personales cada versión. Supuse que tenía mucho de chisme y alguna cosa cierta, sin embargo un día, cuando los parroquianos ya se habían retirado, el dueño de La Giralda me ofreció un último trago trasnochado ”cortesía de casa, para que la gente de Buenos Aires, sepa que acá somos como Dios manda” y aflojó la lengua como si no me hablara a mí, mientras secaba las copas.

_ A Martín se lo comió el barranco, el pobre tenía costumbre de caminar por allí en las noches,acaso no midió el peligro... lo encontraron sobre una piedra con los ojos abiertos, como si hubiera visto el cielo. El cieguito era algo triste, eso sí... y de muy buena familia, hoy no tienen consuelo... usted dirá para qué sirve la plata en estos casos. Tito, que antes trabajaba aquí, aquel día se volvió loco... corrió a la casa del amigo y se metió a los empujones en la pieza. Nadie podía pararlo. Ramona, que siempre fue como una madre para él, lo siguió desesperada con sus huesos, después contó acá mismo, que al ver el ropero con las puertas abiertas, se partió en gritos...”el alma mala” repetía... “se le escapó el alma mala”.

_¿Qué pasó con Tito después?
_ Nada... desvaría, quién le dice si no es por el vino, desde muchacho empina el codo.... pero quedó mal de la sesera, diga que la Ramona es un alma del Señor.

Me fui dejando una moneda. En todas partes se encuentran historias, pensé camino hacia la cabaña que me habían prestado. Tampoco yo venía bien, necesitaba un descanso, tomar distancia... una mañana, que se parecía a todas, que fingía ser igual a todas las mañanas, Ana había armado una valija rápida y me espetó en la cara un ya no te aguanto, acaso no ver la casa poblada de su ausencia me ayudara, fue ése el consejo de mi aturdimiento.

Era verano, las casas dormían en sus jardines, la noche clara dejaba entrever el perfil cercano de las lomadas que despuntaban en la boca del barranco. Me acerqué mordisqueado por la historia que acabara de escuchar, Las luciérnagas encendían los yuyales pero el abismo se abría insondable.

_No puedo con dos almas malas.... no puedo_ escuché muy cerca y busqué la voz agazapada_ Se le escapó a Martín y ahora la llevo también bajo el pellejo.
_¿Tito? - Reconocí
_Los ojos de Martín tenían el alma buena allá en el fondo...es la única manera de salvarse.

Cuando quise asirle sólo me quedó un halo de vino y la imagen achicándose en la caída hasta un estrépito seco, sordo.

Me volví a Buenos Aires al día siguiente, escapé del pueblo convulsionado por el suicidio de Tito en el barranco. Una mujer vieja de pómulos góticos daba gritos mientras lo subían entre varios, desde lejos me pareció una estrella que se abría de brazos, como queriendo quedarse abajo.

Hoy, sigo en la casa vacía, en la vida vacía, en el mundo vacío. Y sé que las almas buenas se van con los muertos... que todo se va, agrandando el pozo donde mora la tristeza. ¿Cómo cerrarlo? ¿Quizás escribiendo un cuento... una historia? ¿La de ellos o la mía?.
Es difícil... otro ciego... de inciertas bibliotecas supo que la realidad carece de los escrúpulos que la literatura tiene y no sé si pueda yo hacerlo... porque siento el alma muerta.

miércoles

El regalo



Se levantó antes de los maitines y empezó con la limpieza de la capilla, porque era allí donde se iniciaban las actividades de los frailes. Con un balde y un cepillo comenzó concienzudamente su trabajo, mover el trapo girándolo sobre el piso hasta que el olor de la cera le llegara penetrante, dulzón y las tablas brillaran al punto de vislumbrar en ellas su cara joven de cejar torvas. Como el nombre le impusieron también el destino. Era hija y nieta de sirvientas, desde chiquita le habían enseñado el oficio de fregona, única posesión en su vida. La madre se venía muriendo cuando ella descubría los doce años y como último gesto de amor la dejó al cuidado al cuidado del curita de la parroquia. El padre Juan consideró que lo mejor para la nena era mandarla, con carta de recomendación, al noviciado de su orden, en Azul. Allí continuaría con el trabajo que tenía como herencia, lejos de Buenos Aires y sus peligros, estaría a salvo.
Llevaba ya tres años en el silencio de ese lugar, un edificio austero y sencillo oliendo a viejo. Alrededor, los árboles eran un mundo de pájaros que cada amanecer la despertaban incansables. Reconocía el canto de los zorzales, los silbos de los tordos... Con esa música abría los ojos, se ponía unos pantalones viejos y empezaba la jornada.

Arrodillada sobre la pinotea, plegaba su cuerpo sobre los talones con los ojos fijos en el lustre… su trenza oscura mecía las maderas, salió de su reflejo esfumado de belleza por unos pasos quedos que sonaron a sus espaldas.

_ Buenos días... María _ le susurraron bajito.
_¡Hermano Abel no me diga que ya es la hora de los rezos!
_ No chiquita, no te apures necesito un momento a solas con éste te habla.
_¡Ya me voy a prepararle unos mates!
_ Gracias… si puedo me acerco a la cocina para robarte un amargo y saludar a la Juliana, a ver si ella también se anima a darme un pastelito.

Abel se arrodilló, sobre una de las bancas largas cercanas al altar. Estaba solo con su alma confundida entre el olor a incienso y pabilos quemados. Apoyó la cabeza sobre las manos entrelazadas para volver a su encrucijada cotidiana: creer en Dios, pero también necesitar al mundo.. era grande su nostalgia por el mundo.

_ ¡Son las pruebas al que demonio nos somete!_había aullado su confesor_ sus trampas suelen tomar formas inesperadas.
_Esa formas se meten en mi cabeza padre, son como perros que me muerden cada noche.
_¡ Mortificación del cuerpo hijo mío! Estás cerca de los votos definitivos_ se veía tan alterado el viejo padre Javier que alguna palabra le salió en su gallego natal_ Reza hijo, reza, ayuna, el mundo de los hombres es horrible como el infierno ¡Escóndete en las entrañas de Cristo!

Abel, había llegado desde su Tucumán al monasterio no por propia voluntad sino por la persuasión de hambre.

_El fray de La Candelaria dice que es lo mejor, que te vayas para allá porque tenés un alma grande. Acá no hay mucho para vos, el trabajo de la zafra, alguna changa ¿Quién te dice m´hijo si llegás a ser obispo? La broma era una máscara que tapaba la pena en la mujer gastada… animar la partida de su hijo, la sangraba. Llevó la mochila de su hermano Tito y se fue a Azul en un tren chinchudo de noche, la oscuridad se adhería a la ventana como una luz, pero entrecerrando los ojos adivinó los desfiladeros que se alejaban turbios.
Le costó adaptarse a los maitines, las tercias, las misas cotidianas, el ángelus… una repetición de rituales que nunca lo acercó a nada. Llevaba casi seis años ya, pero no olvidaba su cielo con montañas altas, donde los changuitos oscuros eran una exhalación terrosa del paisaje. La asfixia se hacía cotidiana, esa parte de él que quería irse… le crecía adentro estirándole las costuras del alma.
El padre Javier, no dejó de rezar por Abel cada mañana, cada tarde, cada noche… pero tampoco pudo dejar de hablar con el padre director sobre el asunto.

_Es esa muchacha_ decretó sin más preámbulos_ ¡Ya vengo notando cómo la observan los novicios: el hermano José la mira como un lobo cuando sirve la comida! Y Abel se levanta antes de los maitines para verla inclinada sobre el piso, ella misma es consciente, por eso se esconde... uno no espía…válgame Dios, pero sabe.
_Es una decisión difícil, la pobre no tiene a nadie.
_Ya le buscaremos conchabo en alguna casa del pueblo, en pocos días lo resuelvo si el Santísimo me acompaña.

La tarde se caía sobre los jardines lacónicos y el sol incentivaba los colores afilados de los pinos y de las margaritas pobres. Casi todos dormían en la frescura de sus cuartos, era el breve tiempo del descanso. En la cocina estaban listos los jarros del mate cosido para la merienda, nunca dejaba de cumplir la servicial María. Se reclinó cansada contra el marco de la ventana y gozó la visión del día.

_ ¡Tengo noticias muy buenas, Maria!_ irrumpió el padre superior.
_¡Padre, qué raro verlo por acá! ¿Buenas noticias para mí?
_ La señora Sánchez, tan buena cristiana, va a dar luz muy pronto a otro hijo para la gloria de Dios ¿Lo sabías?
_¡Qué lindo! Ya tiene cinco ¿Cierto?
_Sí, por eso mismo vas a trabajar en su casa, ya no puede con la barriga y los críos.

Otro desarraigo le aferró el corazón, pero aguantó, si quien decidía su vida no era ella. La dejó sola sin esperar una queja inútil y María se encaminó hacia afuera, necesitaba el aire que se hacía mezquino. Recostada sobre la hierba cerró los ojos, el sol se los besaba y quedó dormida con lágrimas enhebradas que no querían llegar al suelo.

_ Shh… no hables fuerte muchachita, vengo a despedirme, nadie lo sabe pero me voy sin camino de regreso.
_ ¡Pero , se va, se va? ¿Para siempre hermanito Abel?
_Para siempre María... con alguna duda todavía, pero quiero estar lejos, donde todo no me huela a muerto.
_¿Sabe? El padre Eugenio dice que también me voy, me mandan a servir a la casa de los Sánchez.
_María…_ suspiró Abel, dándole un abrazo_ nos mueven como a marionetas….tomá esta medallita para que no me olvides, para agradecerte los mates que me cebabas a escondidas de los curas. Dame un recuerdo tuyo chinita, tampoco yo voy a olvidarte.

Parpadeó un poco, no tenía nada que darle... despacio deslizó la tímida blusa, los pechos resolvían la materia de tela en perfecta geometría y le ofrendó su piel con halos de manzanas. Conmovido... le besó la frente y la ayudó a cubrir con cuidado la desnudez… María le regalaba el mundo.

_Te debo el resto de mi vida. Que alguien te salve chiquita, como vos hiciste conmigo...

Afuera la calle de tierra tenía florcitas silvestres sobre las zanjas, dio unos pasos con desconocida alegría, pero giró la cabeza... y la supo trémula. Un relámpago le atravesó la garganta en un grito.

_¡Vamos chinita! ¡Mi Tucumán necesita una María!


Pintura Salvador Dalí