Un acercamiento a la Literatura

martes

Dios no perdona a todos


Regalo de mi amiga peregrina

Se sentía mareado y confundido, todo parecía distorsionado, tal vez padeciera la fiebre y estuviera alucinando. Se quedó quieto, agazapado y cerró los ojos. Los recuerdos acudieron en forma fragmentaría, como partes desequilibradas de un espejo, le mostraron el pasado que no reconocía como remoto o inmediato, sólo supo que había sido suyo.

_Señor Antonio, han muerto otros dos, aquí mismo, debiéramos huir al campo, ni sus saberes de alquimia nos han de salvar esta vez.
_Nunca, idiota, no dejaré nada, la justicia también ha muerto y no a causa de la peste, ésa sólo lame los suelos buscando difuntos. Si nos vamos vendrán los saqueos, los mendigos que traen el estigma ellos piensan en comer una vez antes de morir o en morir en las camas de los nobles.
_Pero señor.... corremos riego, nos espera la misma ventura si no huimos.
_Cállate cobarde y haz que el sepulturero ponga los cadáveres de esos dos en el mismo féretro donde está mi esposa. La desgraciada tendrá en la muerte lo que buscó en la vida; dale las monedas, por unas cuántas el enterrador es capaz de meter a ocho en la caja.
_¿Y sus hijos señor Antonio?_ se animó todavía sabiendo que su amo desconocía el amor y la piedad.
_¿Mis hijos? Están lejos, están grandes y no me importan. Sólo avísales que murió la desdichada pero que no vengan, no quiero nada que hieda a Florencia, está putrefacta de muerte negra.

La peste... Sí, la ciudad se moría, pobres y ricos, todos eran la misma mercancía para la fosa. Recordó una tarde, en la que se aventuró a salir para cobrar una deuda, lloriqueaba el infeliz diciendo que no ya tenía nada, pero él no regalaba la moneda la usura. Cuando llegó estaba yerto, tendido como tantos sobre los umbrales harapientos. Llevó la mano a su nariz y olió las hierbas, él sabía de mixturas hechas con hojas y aceites, si se cubría con el pañuelo donde las envolvía estaría a salvo del aire fétido. La calle estaba descarnada de difuntos, puercos y canes los olían mientras la muerte cantaba con desparpajo, noche y día, su canción sin fin.
La mayoría había huido de los enfermos y hasta de sus bienes... fueron abandonados las villas y palacios...qué imbéciles como si obrar de esa manera los ayudara a mantener la vida, a evadirse del mal . Algunos pocos se dedicaron al gozar de los días solazándose en todos los apetitos que estaban a su alcance...colmadas desbordaban las tabernas como los mismos cementerios.


¿Pero qué había pasado con él, con sus ricos bienes, con su gabinete de magia ? Había un manto negro de memoria hecho laguna, entre la pestilencia y este momento en el que raspaba los dientes odiando una de vara de madera. Por un instante se vislumbró solo en su mansión, iracundo, maldiciendo, todos habían huido, algunos hacia la muerte y otros hacia la noche furtiva ...miserables, ya tendrían su castigo... sabría ejecutar con mano rigurosa la deslealtad de sus sirvientes.

Abrió los ojos esperando .... buscando el consuelo de la riqueza de sus cristales de Burano, de los mármoles verdes y rosados ... de los libros sagrados que le llegaran desde Oriente.... pero no, sólo la oscuridad se aposentó entre sus ojos que sintió extraños. ¿Estaría muerto? ¡No....no! Podía sentir el latido de su corazón acelerado... podía moverse...podía ver formas vagas y monstruosas en la penumbra. Formas muertas, altas, de proporciones descomunales y geométricas. Se quedó quieto olisqueando algo rancio, un alimento que salió a su encuentro desde el suelo, sintió la urgencia del hambre, pero no comió, la amenaza de la peste lo detuvo. Se quedó quieto y esperó otro recuerdo.

_Debes dejar hijo mío que te administre los sacramentos, para que seas recibido en la paz del Señor.
_ Váyase, nadie lo ha llamado y no creo en ese dios inútil que se corona con espinas, un bonachón que perdona a todos.
_ La peste fue enviada, aquí donde reina el pecado, por justo designio de Nuestro Señor. Mírate, tu cuerpo está lleno de bubas, si no te arrepientes hallarás castigo porque Dios, aun en su bondad, no perdona a todos.
_¡Fuera de aquí... cuervo, tu dios no existe y yo reniego de él!
_Como gustes, pero tienes la sombra de la muerte a tu lado, ella no discrimina y tiene tiempo para todos, aun para ti. Ojalá Él se compadezca.

Revivió los escalofríos, el dolor ardiente de la fiebre en las entrañas y un caerse a la nada sin remedio. ¿Entonces?¿Qué le había sucedido? Paulatinamente recordó la muerte, su muerte lejana ....oscura de estertores, sin nadie cerca, pero ahora estaba aquí, no sabía dónde, pero sintiéndose en un cuerpo vivo. La incertidumbre acicateaba, se movió indeciso hacia una luz que se filtraba tras una enorme puerta, vio con claridad los objetos: mesas desconocidas, sillas extrañas... eran tan grandes... y se agazapó con miedo del otro lado, quizás alguien lo viera, pero antes necesitaba entender.
Pensó ... repasó sus estudios de alquimia, sus libros con los arcanos designios de la magia y de pronto irrumpió la revelación....y comprendió con solapado alivio. Sí, había muerto, pero estaba renacido en otro cuerpo. Se rió con un chillido casi imperceptible de puro gozo. ¿Esto era la muerte? ¿Volver en otro, en un niño? Porque él era seguramente un pequeño de meses, que se movía por el piso, era evidente, por tal razón todo era descomunal y grande. ...¡Ah! ¡Qué felicidad poder reírse del padre Marco, de sus amenazas de bíblicos castigos y de infiernos!

Se distendió mientras recordaba todo sobre su vida anterior, eso era lo mejor, recordar... conservaba su talento, el ingenio, había sido un hombre de alcurnia y gran inteligencia, pensar que lo habían llamado hereje aquellos santurrones...y ahora le era concedida otra vida...¡A él! ¡Sí! ¡Otra oportunidad sobre esta tierra! ¡Sería un dux, un rey... quién lo sabría... pero sin dudas lo esperaba un destino de grandeza!

La puerta ensanchó el haz de luz y una mujer hercúlea de extraña falda caminaba por el lugar donde había muebles blancos, diferentes... Una luz como el sol mismo nacía en los techos...
_.¿Será ella mi madre? ¿Viene a amamantarme? Espero que sí, tengo hambre- se animó y sintió fruición viendo los grandes pechos.

_¡Qué asco- gritó la cocinera mientras tomaba la sartén- ¡Una rata!
Y con la decisión de un yunque le aplastó la cabeza.

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