
Los cuatro ciegos
Había una vez cuatro ciegos que querían saber como eran los elefantes, y por más que sus amigos trataban de explicarles no lograban hacerse una idea. Hasta que un día llego un circo al pueblo; y a un amigo se le ocurrió llevarlos para que pudieran comprobar personalmente que forma tenían los elefantes, y así lo hizo. Acercó a los cuatro ciegos al elefante y el primero se abrazo a una pata y dijo: -el elefante es como el tronco de un árbol-, el segundo lo tomo de la nariz y dijo: -¡no! es como una gran serpiente-, el tercero tomándolo de una oreja replico: -más bien se parece a una hoja de palmera-, y el ultimo que lo tenia de la cola aseguro: -para mi es exactamente igual a una soga-. Cuestión que los ciegos todavía hoy siguen discutiendo sobre la forma del elefante.
Lo mismo pasa con la verdad, todos vemos una parte y creemos que conocemos toda la verdad, nos encerramos en nuestras creencias y hasta tratamos de imponerlas a los demás.
El águila y las gallinas
Un día el dueño de un campo encontró entre sus plantaciones un huevo, y decidió dejarlo en el gallinero para que las gallinas lo empollaran. Al tiempo nació un pichón de águila y como fue criado por las gallinas aprendió a escarbar la tierra con sus patas buscando insectos para comer imitando a las demás, también comenzó a cacarear como las otras, a levantarse al clarear y a acostarse al atardecer, hasta que copio a la perfección todos los hábitos del gallinero, un día cuando ya el águila era vieja, vio en lo alto del cielo un ave majestuosa que volaba dócilmente aprovechando las corrientes del viento, tanto la impacto esa visión que le pregunto a las otras gallinas que era esa ave, entonces la mas vieja le dijo: - Esa es el águila, pero nosotras solamente somos gallinas-.
Todos somos águilas, pero nos hicieron creer que somos gallinas, el sistema nos impuso los hábitos del gallinero.

