Un acercamiento a la Literatura

martes

Diez minutos


No había mucha gente en la calle, el calor inmovilizaba la hora de la siesta. Pero yo había tenido que salir me faltaban dos cuadras irregulares y diez minutos para llegar a la biblioteca y devolver el libro antes de que cerrara. Apuré el paso pensando en el horario inexorable de las instituciones públicas. Qué fastidio, me ensimismé en mi propio hastío, ajeno a la ciudad, a todo... acaso como fuera la forma de cada unos de mis días.
El impacto casi tenue de una señora que se cruzó en el camino me devolvió al verano del asfalto.

-Disculpe... es que el calor me aturde y no lo vi- dijo con una vocecita abochornada
-No es nada, ¿Está bien?
-Sí....me demoré en el banco y este sol....no lo vi señor.

Caminó las dos cuadras a mi lado siguiéndome el paso, en esos pocos minutos supe que era maestra retirada, que vivía sola y no se acostumbraba, su única hija tenía un trabajo en España, pero a mi edad viajar....se resignó.... Yo sólo asentía con la cabeza y la escuchaba. Los ojos grises desteñían tristeza y acercó al momento el recuerdo de mi abuela....el mismo gesto bueno y arrugas ramificadas desde adentro contaban acerca de su vida. Miré el reloj, hubiera querido que continuara hablando y contarle alguna cosa mía, pero era tarde.

-Bueno, entro o no llego a tiempo para devolver el libro... .
-Vaya señor y gracias por la charla, es un buen hombre... no cualquiera habla con extraños. Ahora me siento mejor- suspiró con toda su vejez a cuestas .

Incliné la cabeza en una sonrisa a modo de despedida. Sus pasos doloridos se fueron haciendo lentos hasta la quietud.
Me sumergí en el silencio de la biblioteca, una empleada de lentes incrustados en la cara me atendió de mala gana y me ladró un buenas tardes. El trámite había sido una sencilla entrada al purgatorio.
Volvía aflojando la corbata y desandando el camino hasta la oficina. Una escena me detuvo: a unos metros, otra vez la maestra tropezaba, ahora con una chica joven y cruzaban palabras entre sonrisas. Se encaminaron juntas y hasta pasaron a mi lado, pero ella no me reconoció o no me vio o fingió ambas cosas. Alcancé a escuchar aquellos fragmentos de soledad, quizás dichos innumerables veces variando alguna palabra.

_ Es que me demoré en el banco y este sol.... no la vi señorita.... mi hija tiene un trabajo en España.... la extraño....

Ahora, pienso en la señora y en su escena repetida de toparse con alguien para tan sólo hablar....aunque sea por diez minutos....
En el tumulto de la oficina sola, donde gente extraña va y viene o transfiere datos sin notarse y los ojos se quedan en los monitores sin mirar, ni ver a nadie... siento que me están faltando diez minutos para que alguien también me escuche....pero es imposible... un velo de apretada trama nos separa....

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